Imagen de Karina de Faimberg

No sé muy quién es, –si sé que es un personaje de un dibujito o de un comic sale según me explica Johana–, Garu. El Garu que yo conozco es un perro hermoso, tranquilo, con linda mirada que pasa delante de mí agotado, cansado, a veces, tembloroso. Entonces le pregunto, –¿le pasa algo?

-Nada especial, –me responde Karina– solo los años, tiene más de veinte años. Y ahora el veterinario nos dice que no le funcionan los riñones.

A los pocos días después de ver cómo Johana y sus hermanitos le preparan la comida, le miman, la pequeña de las chicas se acuesta a su lado le acaricia. Mientras Garu le mira y se deja llevar.

Al día siguiente pregunto: ­–¿Cómo está Garu?

Garu se fue. –me comenta Karina­– La pequeña, Johana, le hizo una carta de despedida que depositó donde dejamos su cuerpo, si quiere se la leo o se la paso por whsatapp.

Pues claro.

Buscó en el celular y leyó lo siguiente.

Garu vos fuiste un perrito super sano y super feliz. Pero ahora estás muy viejito y muy enfermito. Por favor, no te aferres a nosotros, porque vos y nosotros sufrimos mucho porque hay partes de tu organismo que no funcionan. Vos prométeme que vas a hacer el viaje al cielo, puede que te dé miedo porque nunca has ido, pero ahí vas a estar sanito. Vas a poder caminar, correr, saltar, jugar. Vos desde el cielo nos vas a poder cuidar y mirar. Mamá, papá…, (cita toda la familia) nos vamos a reencontrar en el cielo y nos vamos a mimar mucho.

Garu nosotros siempre te vamos a llevar en el corazón y nunca te vamos a olvidar. Yo y todos queremos que viajes tranquilo porque todos TE AMAMOS UN MONTÓN, te ADORAMOS UN MONTÓN y todo lo que se trata de amor es para vos. (Aquí, cuando pude ver la foto del escrito aparecen un montón de pequeños corazoncitos dibujados a mano que rodean las palabras) y antes de la firma un TE AMAMOS.

Es la carta de una niña que despide a la mascota que le acompañó desde que nació. Tengo para mí que es una forma dulce y tierna de despedir a alguien a quien se ama de verdad.

Más allá de la ternura de estas palabras, de su encanto e ingenuidad, propia de la edad, hay una profunda sabiduría, de cómo –a pesar del dolor–, el amor está por encima y el deseo de que el otro, –al que amamos–, esté bien, supera el sufrimiento.

Mientras releeo la carta de despedida para transcribirla observo cómo Johana sale corriendo detrás de su perrita, –Atenea se llama. Escucho, como a lo lejos, juegan juntos.
–¡Qué bien se lo tomó!– comenta su madre.

Gracias Garu por los días compartidos. Gracias Johana por esa sabiduría y generosidad del alma que brotó de tu corazón al despedir a Garu.

¡Paz y Alegría!

Gumersindo Meiriño Fernández

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