Sebastián Aparicio: el santo que me guió a América
El beato que cambió mi destino

? Introducción
En un pequeño negocio de fotocopias en Virasoro (Argentina), una estampa olvidada de un santo franciscano cambió mi perspectiva. Lo que parecía una simple coincidencia se convirtió en un signo de que el Beato Sebastián de Aparicio seguía presente en mi vida, años después de que su historia me llevara por primera vez a América.
?️ Un encuentro inesperado
Cuando trabajaba en la parroquia de Virasoro (Argentina) me acerqué al negocio donde encargábamos cada semana las fotocopias. Nunca había ido personalmente. Era la primera vez. Mientras esperaba el turno observé, que en la estantería situada en frente al mostrador, colgaba una pequeña estampa de un santo franciscano. No presté mucha atención, hasta que, me pareció ver la imagen de Aparicio, Beato de la orden de los franciscanos. O mi vista me fallaba o parecía que me miraba. Entonces me fijé y, sí, era realmente una estampita del Beato. Pregunté quién era aquel santo. La dueña, una señora de mediana edad, me miró sorprendida y reconoció: “La verdad es que no se qué santo será pero seguro que se le olvidó a alguien entre los papeles cuando vino a hacer fotocopias Al ver que era un santo lo pusimos ahí para proteger el negocio”. La sra me acercó la estampa y, efectivamente, era una de las habíamos hecho en Galicia en la parroquia donde nació Aparicio. Era inconfundible porque en la parte de atrás estaba la oración que personalmente había escrito para que rezaran. La sra entendió quién era el dueño de la estampita y me la quiso devolver. Mientras esperaba mi turno en la copistería, algo llamó mi atención: una pequeña imagen de un santo franciscano colgada en una estantería. Al acercarme, reconocí el rostro familiar de Sebastián de Aparicio. La dueña del local no sabía de quién se trataba, pero cuando le di la vuelta a la estampa, descubrí que era una de las que habíamos repartido años atrás en Galicia.
? «No, señora, quédese con ella—le dije—. Será una buena protección para su negocio.»
✈️ El viaje que lo comenzó todo
Esta «causalidad», ahora que vivo en América, me ha hecho recordar un pequeño detalle. La primera vez que volé rumbo a Sudamérica fue motivado por Aparicio. Corría el año 2000. El mundo vivía en torno al nacimiento de un nuevo milenio. Y A Gudiña, en torno al centenario de su hijo más sublime y famoso: Sebastián de Aparicio. Nacido en este pueblo, en el año 1502 y fallecido en Puebla de los Ángeles en el 1600, con fama de ser un santo muy milagrero e impulsor de las rutas mexicanas. Se celebraba el cuarto centenario de su muerte. Así surgió la visita a la tierra donde se conserva la urna con sus restos, expuestos al público en el Convento franciscano de la Ciudad de los Ángeles, en México. Un grupo de vecinos, nacidos en el pueblo de A Gudiña, que habían soñado con esta posibilidad desde su infancia se subieron, casi todos por primera vez, a un avión para ver a su paisano..
?✈️ El padre Isorna nos acompañó, siempre con una sonrisa y palabras de aliento.
A la vuelta de este primer viaje escribí con el padre Isorna, nuestras experiencias en México, en torno al homenaje y hermanamiento de A Gudiña, pueblo donde nació Sebastián de Aparicio y la ciudad de Puebla de los Ángeles, donde se estableció y fundamentó su existencia.
? De casualidades y libros
Tras establecerme en Ecuador y luego en Argentina, creí que Aparicio quedaba en el pasado. Pero la vida tenía otros planes. Mi esposa María insistió en que escribiera sobre estas experiencias, y así, junto al padre Isorna, publicamos «De empresario a santo», presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires.
? ¿Providencia? Quizá. Lo cierto es que el beato nunca dejó de acompañarme.
? Conclusión
Lo que empezó como una peregrinación se transformó en un camino de fe, escritura y descubrimiento. Sebastián de Aparicio no solo fue un pionero de las rutas mexicanas, sino también el guía invisible que me llevó a cruzar el océano.
? América ya no era un destino lejano: era mi nueva tierra.
Paz y Alegría
— Gumersindo Meiriño Fernández ✍️

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