Imagen de Alejandro Vaccari

Para poder ver la realidad tal cual es, sin engaños, sin disimulos, sin apariencias…. -y no es tan fácil como puede parecer al principio- es necesario subir «a un monte elevado».
Desde el monte se puede elevar la voz y esta se escucha más clara, más limpia, más nítida…
Ver, oír, hablar…, desde «la montaña» es otra visión, otra escucha, otro tono de voz.
Hoy quinto día  de la Novena a San Benito, para seguir con la novena haz clik aquí.
Jaculatoria- Mantra- Decreto: Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión.
Hasta mañana, paz y bien.

Cántico de Isaías (Is 40,10-17)

[Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión;
alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén;
álzala, no temas, di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios».]

Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su proyecto?

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método inteligente?

Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.

En su presencia, las naciones todas
como si no existieran,
valen para él nada y vacío.

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