Imagen de Leonardo Valente en Pixabay
Tiempo de Pascua

Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar». Ellos le respondieron: «Vamos también nosotros». Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo para comer?». Ellos respondieron: «No».
El les dijo: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán». Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla..
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 Gregorio  Magno escribe: El mar es el símbolo del mundo actual, agitado por la tempestad de los asuntos y la marejada de la vida caduca. La orilla firme es la figura del reposo eterno. Los discípulos trabajan en el mar ya que todavía siguen en la lucha contra las olas de la vida mortal. Pero nuestro Redentor, está en la orilla pues ya ha superado la condición de una carne frágil.
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La Resurrección no es solo de lo humano, es la Re-Creación del Universo. Por eso es lindo unirse en cánticos de Alabanza al Universo. Más al ver cómo la Madre Tierra respira y se purifica en estos días. Nuestro hogar, nuestra Casa Común se pone linda para recibir a sus habitantes, los seres humanos…
Afirmación- jaculatoria- mantra- decreto: Te vistes de belleza y majestad.
Día Octavo: Jesús, sumergimos en el mar de tu Misericordia a todas las almas errantes, que ya dejaron el planeta tierra, que están prisioneras en el dolor y los mundos materiales, que padecen y sufren porque no encuentran el camino.
Para hacer la novena 
Buen Camino, Paz y Alegría Pascual.

Salmo 103 A

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.

Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de ministro.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacila jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas;

pero a tu bramido huyeron,
al fragor de tu trueno se precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no volverán a cubrir la tierra.

De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto.

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