Templo del Loto en N. Delhi India

Malala es de religión musulmana. Cuando Malala ─la persona más joven de la historia en recibir un premio Nobel─, visitó diversos lugares en el desierto de la Meca, donde el profeta Mahoma vivió y predicó, ella escribió lo siguiente: “Me apenó ver que estaban llenos de botellas vacías y envoltorios de galletas. Parecía que la gente no tenía interés en preservar la historia. Pensé que habían olvidado el hadiz que dice que vivir limpiamente es la mitad de la fe.” Hasta aquí la cita. Aclarar que hadiz, es un dicho o afirmación que se atribuye al profeta Mahoma.

Cuando visitamos, ─en estos años de peregrinación por distintos países─, lugares sagrados pudimos comprobar que algunos no lo eran tanto.

─¿Cómo descubres eso? ─ preguntaba Rocío en una ocasión.

La respuesta la dio Malala, por esta especie de termómetro que se llama limpieza y que el profeta Mahoma describe tan bien, cuando afirma que es la mitad de la fe (y es mucho decir).

Por eso tampoco es extraño lo de Jesús de Nazaret. Los soldados que vigilaban a los ajusticiados en la cruz, mientras esperaban tenían la costumbre de repartirse, dividiéndola en partes, la ropa de los condenados. Cuando llegaron a la de Jesús, les dio pena cortarla, porque estaba limpia y era de calidad, de una pieza; entonces decidieron sortearla.

Hemos tenido hermosas experiencias en esos lugares místicos y también hemos tenido algunas desilusiones. En algunos lugares, ─incluso ashram famosos en los que hemos permanecido en la India─, aplicando este termómetro, nos dimos cuenta de que la vibración, la energía, la fuerza de los espíritus livianos de luz, no podía permanecer mucho tiempo por la suciedad, el desorden, la basura que había por todas partes. En alguno incluso se encontraban imágenes sagradas rotas, algunas decapitadas. Imágenes que representaban a personas sagradas. No en todos fue así, en otros ashram de la misma India, eran austeros, sencillos, pero impecables en su limpieza, en el orden.

Viene a mi memoria, la visita al monte del “Buen Jesús”, en Portugal, hace poco tiempo. A pesar de que había merodeando centenares de personas el predio estaba impecablemente limpio, ni un solo papel, ni una basura, bellos jardines, con flores bien cuidadas. O, la visita en Tierra Santa ─al lado del monte Carmelo, la montaña santa del profeta Elías─, a la tumba del fundador de la fe Bahai. O la que hicimos el templo del loto, de esta misma fe, a las afueras de Delhi. Lugares maravillosamente transparentes, donde el silencio, la paz, la armonía se fundía con una armonía y blancura exterior, con un parque impecable, ordenado y con muchas flores.

Hay criterios de la espiritualidad que son semejantes a todas las religiones. Uno de ellos es que, si hay verdadera mística, ─¡cierto Malala!─ hay orden y limpieza.

Gumersindo Meiriño Fernández

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