Ilustración de Giorgio Trevisán

Cuarto día: La Palabra es Sagrada
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Pedimos a nuestro ángel de la guarda, a nuestro ángel personal, protección del lugar y de nuestra persona, pedimos que nos lleve en espíritu a la presencia de los ángeles que rodean a san Antonio de Padua para recibir las gracias y los mensajes que nuestro espíritu anhela.

Oración del Padrenuestro y el Avemaría

Oración inicial

Recibo todo lo que el Espíritu Santo, envíe para mí, para mi familia, para la ciudad y la nación en la que vivo, para el planeta tierra, para el universo, por medio de Antonio; para que de esta forma guiado por ese mismo Espíritu, sea, como lo fue el mismo Antonio de Padua, un faro de luz y amor para todos los que me rodean. Amén.

De la vida de San Antonio

El 24 de septiembre de 1222, acudieron a Forlí, –ciudad cercana a donde vivía Antonio–, multitud de frailes franciscanos, para la Ordenación de los nuevos sacerdotes. Todo un acontecimiento religioso y social en aquel entonces. El superior franciscano pidió a Antonio que hablara en la celebración. Y en ese día salió a relucir una cualidad de Antonio que ya le haría famoso. Su gran elocuencia. Habló tan bien y de forma tan profunda que caló en el corazón de todos los que lo escucharon. A partir de ese mismo año de 1222, Antonio se convirtió en un famoso predicador que recorría las distintas ciudades e instituciones, los más diversos grupos de personas, de todo tipo social y cultura, de Italia predicando y hablando de Dios

De los escritos de San Antonio

En el libro de los Números, en otro tiempo el Señor mandó: Elegiréis ciudades que sean para vosotros ciudades de refugio, donde pueda refugiarse el homicida que hubiere muerto a alguno sin querer.

Así ahora la misericordia del Señor ha puesto como refugio de misericordia el nombre de María hasta para los homicidas voluntarios. Torre fortísima es el nombre de la Señora. En ella se refugiará el pecador y se salvará.

Nombre dulce, nombre que conforta al pecador, nombre de dichosa esperanza. Señora, tu nombre está en el deseo de mi alma. El nombre de la Virgen era María, dice san Lucas. Es tu nombre perfume que se difunde. El nombre de María es júbilo en el corazón, miel en la boca, melodía en el oído. (…)

Por eso, te pedimos, Señora nuestra, esperanza nuestra, que Tú, Estrella del mar, irradies luz a nosotros, sacudidos por la tempestad de este mar, nos encamines al puerto, y protejas nuestra muerte con la tutela de tu presencia, a fin de que merezcamos salir seguros de la cárcel y lleguemos alegres al gozo interminable. Ayúdenos Aquel a quien llevaste en tu vientre bendito y amamantaste en tus pechos sacratísimos. A Él sea dada honra y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Reflexión: Hay palabras que sanan. Hay palabras que enferman. Hay vocablos que matan, los hay resucitan. La palabra es sagrada, porque brota del corazón.
Es espada afilada de doble filo que puede cortar el mal o puede herir a otros.
Cuida lo que dices. Cuida cuándo lo dices. Cuida cómo lo dices. Cuida la intención con que la dices.
La Palabra es Sagrada. De la boca de Antonio salían palabras que sanaban, que resucitaban, que alentaban, que regocijaban. La Palabra es Sagrada.

Hablo con Antonio de Padua unos instantes sobre estos temas u otros….

Oración por intercesión de Antonio de Padua

Oh Dios que siguiendo el ejemplo de Antonio de Padua pueda abrir mi boca con prudencia y sabiduría para que todo lo que yo pueda decir sea para el bien mío y para el bien de todos los que escuchan. Que el Espíritu Santo purifique mi corazón y así pueda sembrar cada día de mi vida palabras que den como fruto paz, consuelo, alegría y bendición. Así sea. Amén.

Te invito a recitar la famosa oración que millones de personas recitan recordando a Antonio de Padua en todo el mundo, haz clic aquí

Invocación final:

Agradezco a mi ángel de la guarda por su compañía y por la protección del lugar, de mi energía durante este diálogo con Antonio de Padua y de los ángeles que le rodean.

Termino con el Padrenuestro y el Avemaría.

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