Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Y les dijo:  Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
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Soy pequeño, dice hoy el salmo, soy pequeño. Puede que te cueste creerlo, pero es así, ante la realidad del espíritu somos pequeños, frágiles, limitados…, cuando nos unimos en el espíritu nos damos cuenta que esa pequeñez y fragilidad de las cosas que nos unen a la materia, la enfermedad, el dolor, la angustia…, son secundarias pequeñas.
Como me decía una persona amiga, a propósito de nuestra visita al famosísimo lago Ness, en un email: «Los grandes monstruos del Lago se hacen pequeños cuando DEJAMOS que Dios vibre en nosotros ,¿verdad P. Gumer?. A lo que respondo, ¡Verdad, Carmen, verdad! Feliz día, bendiciones

Salmo 118

S

Tú eres justo, Señor,
y recto en tus juicios.

Justamente prescribes preceptos,
sumamente estables.

Me consumo de celo
porque mis enemigos olvidan tus palabras.

Purísima es tu promesa,
y tu siervo la ama.

Soy pequeño y despreciable,
mas no olvido tus decretos.

Tu justicia es justicia eterna,
y tu ley es auténtica.

Aunque me alcancen
la angustia y la opresión,
tus mandatos son mi delicia.

Tus preceptos son justos por siempre;
instrúyeme y viviré.

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