Foto Carlos Nava

Alabar el nombre de Dios es reconocer la actuación de Dios, el Dios de la Vida, en cada momento. Y viceversa reconocer estas intervenciones es alabar el nombre del Señor, Creador, Padre… Nosotros continuamos las alabanzas iniciadas hace miles de años en el templo de Jerusalén, unidos a toda la humanidad. Lo puedes hacer con esta jaculatoria-mantra: «Alabad el nombre del Señor. Amén».
Te propongo iniciar hoy un triduo (tres días) de oración por la paz, la explicación haz clik aquí.
Hasta mañana, feliz día.

SALMO 135-134, 1-12

¡Aleluya!
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti, Egipto-
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

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