Japón, foto Beatriz Pérez P.

Contempla la historia, con ojos de fe.
Contempla la historia de tu país con visión sobrenatural.
Contempla tu historia con colirio de luz en tu vista.
Y ahora lee este salmo de igual forma…, es la historia de Israel…, vista con profundidad…, y entonces…, te saldrá del corazón esta Jaculatoria-Mantra- Decreto: «Alabad el nombre del Señor. Amén».
Segundo día  del Decenario al Espíritu Santo, haz clik aquí.
Hasta mañana, feliz día.

Salmo 135 (134) I

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa el Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
–en medio de ti, Egipto–
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

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