Hermoso salmo el de hoy.
Caminábamos hacia el río. A lo lejos la vimos. Daba vueltas  hacia un lado, luego hacia el otro. Al llegar la saludamos. Respondió al saludo y nos dijo,  “me he perdido, ¿me pueden decir por dónde se baja al río?
Nos reímos y contestamos. “Sí, lo que pasa es que la crecida ha cortado el camino, ahora hay que dar un rodeo. Si quiere acompáñenos”
El caminante se encuentra con obstáculos diferentes, cuando avanza. El peregrino progresa por las rutas de la existencia. Aprende, camina, aprende el peregrino. Si aprende se hace sabio y camina. Si no aprende se paraliza, se cansa y queda tirado al borde del camino, imbuido en el miedo, la duda, la incertidumbre…
¡Peregrino!, ¿a dónde vas? ¿Cuáles son tus sendas, cuáles tus caminos, cuáles tus pisadas?…
Puedes repetir este mantra-decreto – jaculatoria: «Mis caminos son misericordia y lealtad”.
Bendiciones, hasta mañana.

Salmo 25 (24)

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

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