Roca, Refugio, Escudo, Fuerza…., el salmista entiende que el solo se siente perdido y arrastrado a la perdición. Pero encuentra su Roca, su Refugio, su Escudo, su Fuerza…, en Dios.
Para ello, invoca, pide auxilio, levanta las manos…, Dios responde siempre. También es verdad que el que está muy distraído no escucha a nada ni a nadie. Tampoco la voz de Dios. No te disperses, no te distraigas, invoca, levanta las manos…., y luego escucha… en tu corazón, nace la confianza.
Te propongo esta jaculatoria-mantra- decreto, tomada de este salmo: “El Señor es mi fuerza y mi escudo, en él confía mi corazón“.
Feliz jornada. Hasta mañana, bendiciones.

SALMO 28-27

A ti, Señor, te invoco.
Roca mía, no te hagas el sordo;
que si enmudeces seré como
los que bajan al sepulcro.

Escucha mi voz suplicante
cuando te pido auxilio,
cuando levanto las manos
hacia tu templo sagrado.

No me arrastres con los malvados,
ni con los malhechores:
saludan con la paz al prójimo
y con malicia en el corazón.

Dales lo que merecen sus obras
y la maldad de sus actos,
dales según la obra de sus manos,
devuélveles lo que se merecen.

Como no entienden las proezas de Dios,
ni la acción de sus manos,
¡que él los derribe y no los reconstruya!

¡Bendito sea el Señor
que escuchó mi voz suplicante!

El Señor es mi fuerza y mi escudo:
en él confía mi corazón.
Me socorrió y mi corazón se alegra;
le doy gracias con mi cántico.

El Señor es mi baluarte y refugio,
el salvador de su Ungido.
Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad,
guíalos y sostenlos siempre.

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