Foto Paco Castro Miramontes
Foto Paco Castro Miramontes

Truenos, Rayos, tsunamis…, así suena la voz de Dios, del Adonai, sobre el Universo. Al lado de tanta fuerza, de tan poderosa voz, de tan grandioso Aliento…, ¿quién puede temer? Si eres consciente si miras de esa manera la Creación que se mueve al ritmo del aliento de la voz de Dios encontrarás uno de los dones que si algún día lo alcanzas, ya nunca lo querrás perder: la paz. Te propongo para estas veinticuatro horas la siguiente jaculatoria-mantra: Oh Dios, bendícenos con la paz.
Hasta mañana, paz y bien, bendiciones.

SALMO 29-28

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria ha tronado,
el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los cedros del Líbano.

Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una cría de búfalo.

La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.

La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»

El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a su pueblo con la paz.

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