Río Paraná, imagen Carlos Vitelleschi

La convocatoria de oriente a occidente de Dios empieza en primer lugar por la  inutilidad de los sacrificios. ¡qué actual suena!
A Dios no se le compra con limosnas, pequeñas ni grandes, ni con ofrendas, ni con oraciones…, Dios simplemente ya está de nuestra parte, por eso, cuando nos presentamos ante Él, la mejor forma es la Alabanza.
¿Salen de tu boca alabanzas?
Alabar, ¿a quién?, -me preguntas con cara de picardía…
Te respondo:-Alaba, a quien quieras, cuando quieras, como quieras… y si eres chismoso-a, deja el cotilleo. El que alaba, bendice, es agradecido, ve de otros colores las cosas, se libera…¡Alaba!
Dos jaculatorias- mantras- decretos a elegir:
Invócame el día del peligro: yo te libraré, y tú me darás gloria.
O este:
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
Bendiciones, hasta mañana.
Escúchalo léelo:

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Salmo 49 B

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
–yo, el Señor, tu Dios–.

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños;

pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos.

Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos?

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás gloria.»

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