Salmo 58 gumersindo meiriñoRecorremos con este salmo distintos caminos del mal. Desde las desgracias externas, hasta los tormentos interiores, pasando por la traición del amigo, que evoca inmediatamente, a la traición de Judas a Jesús. Incluso parece que define los hoy conocidos como “ataques de pánico”, de forma perfecta.
A pesar de ello el salmista deja un espacio a la esperanza, a través de la oración, invocando a Dios. De ese espacio brota una fuerza superior que le dará cobijo, llegando a una sabia conclusión que te propongo como jaculatoria-mantra: “Confía tu suerte al Señor, y él te sostendrá”.
Hasta mañana paz y bien. Bendiciones

SALMO 55-54

Dios mío, escucha mi oración,
no seas insensible a mi súplica;
atiéndeme y respóndeme.
La congoja me llena de inquietud;
estoy turbado por los gritos del enemigo,
por la opresión de los malvados:
porque acumulan infamias contra mí
y me hostigan con furor.

Mi corazón se estremece dentro de mi pecho,
me asaltan los horrores de la muerte,
me invaden el temor y el temblor,
y el pánico se apodera de mí.

¡Quién me diera alas de paloma
para volar y descansar!
Entonces huiría muy lejos,
habitaría en el desierto.

Me apuraría a encontrar un refugio,
contra el viento arrasador y la borrasca.

Confunde sus lenguas, Señor, divídelas,
porque no veo más que violencia
y discordia en la ciudad,
rondando día y noche por sus muros.

Dentro de ella hay maldad y opresión,
en su interior hay ruindad;
la crueldad y el engaño
no se apartan de sus plazas.

Si fuera mi enemigo el que me agravia,
podría soportarlo;
si mi adversario se alzara contra mí,
me ocultaría de él.

¡Pero eres tú, un hombre de mi condición,
mi amigo y confidente,
con quien vivía en dulce intimidad:
juntos íbamos entre la multitud
a la Casa del Señor!

Que la muerte los sorprenda,
que bajen vivos al Abismo,
porque dentro de sus moradas
sólo existe la maldad.

Yo, en cambio, invoco al Señor,
y él me salvará.
De tarde, de mañana, al mediodía,
gimo y me lamento,
pero él escuchará mi clamor.

Él puso a salvo mi vida;
se acercó cuando eran muy numerosos
los que estaban contra mí.

Dios, que reina desde siempre,
los oyó y los humilló. Pausa
Porque ellos no se corrigen
ni temen a Dios;
alzan las manos contra sus aliados
y violan los pactos.

Su boca es más blanda que la manteca,
pero su corazón desea la guerra;
sus palabras son más suaves que el aceite,
pero hieren como espadas.

Confía tu suerte al Señor,
y él te sostendrá:
nunca permitirá que el justo perezca.

Y tú, Dios mío, los precipitarás
en la fosa más profunda.
Los hombres sanguinarios y traidores
no llegarán ni a la mitad de sus días.
Yo, en cambio, confío en ti, Señor.

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