El salmista nos lleva de la mano entre dolores físicos, angustias, la burla de los adversarios y enemigos….
Ante la soledad de una enfermedad grave se entrevé la posibilidad y, en muchas ocasiones, la realidad, del encuentro con la muerte. En estos casos una luz de alarma se activa y el enfermo ora, con lágrimas en el corazón y muchas veces en los ojos.
Haz una oración o envía energía positiva a esos enfermos que conoces, tus familiares, tus amigos…; ora con este salmo para que lo que tengas que aprender y lo que tengan que aprender esas personas enfermas, en esta vida, sea desde la comprensión y no desde el dolor. Puedes decir esta jaculatoria-mantra: ¡El Señor ha escuchado mi oración!
Paz y bien, hasta mañana.

Salmo 6

Señor, no me reprendas airado,
no me castigues encolerizado.
Piedad de mí, Señor, que estoy acabado,
sana, Señor, mis huesos dislocados.

Estoy profundamente abatido
y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Señor, salva mi vida,
ayúdame, por tu misericordia:

En la muerte nadie te recuerda,
en el Abismo, ¿quién te dará gracias?
Estoy agotado de gemir,
cada noche anego mi lecho,
y empapo la cama con mi llanto;
mis ojos se nublan de pesar,
envejecen con tantas angustias.

¡Apártense de mí, malhechores,
que el Señor ha escuchado mis sollozos,
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha acogido mi oración!

¡Que se avergüencen
y enloquezcan mis enemigos,
retrocedan súbitamente abochornados!

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