Desde Santa Tecla (Ituzaingó) puesta de sol en el río Paraná Ar, imagen de Shura Kaliniak

Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez»
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Le sale de dentro: «No entiendo que mal he hecho, no me lo merezco, por qué Dios me castiga de este modo?«. Es la exclamación de alguien que ha sentido el dolor de cerca. Como el salmista de hoy con la enfermedad.
El ser humano es finito, limitado, la enfermedad es un vecino al acecho, el paso de los años, la ancianidad…En estas situaciones clamamos al Cielo, esperando alguna respuesta…, misericordia, es la que espera.
Es un buen salmo para tener en cuenta a todos los enfermos, afligidos, desesperados…. que conocemos y a todos los que pasan por esta situación.
Decreto: «Misericordia, Señor, que desfallezco!.
Paz y Bien

Salmo 6
Oración del afligido

Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta cuando?

Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por tu misericordia.

Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el abismo, ¿quién te alabará?

Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre el lecho,
riego mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por tantas contradicciones.

Apartaos de mí, los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi oración.

Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que avergonzados huyan al momento.

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