Salta – Argentina, imagen de Karina Ajo

En esta segunda parte el salmista  renueva la invitación. Ayer decía,  venid a ver; hoy venid a escuchar…
Primero, lo leíamos ayer, se trata de ver las obras de Dios.
Hoy venid a escuchar.
Aprende a ver y a escuchar. Ya saben el dicho popular: «no hay peor ciego que el que no quiere ver…, ni peor sordo que el que no quiere oír…»
Decreto:  Dios me escuchó y atendió mi voz.
O también: Venid a escuchar.
Feliz día, paz y alegría.
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Salmo 65 B

Entraré en tu casa con víctimas,
para cumplir mis votos:
los que pronunciaron mis labios
y prometió mi boca en el peligro.

Te ofreceré víctimas cebadas,
te quemaré carneros,
inmolaré bueyes y cabras.

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.

Si hubiera tenido yo mala intención,
el Señor no me habría escuchado;
pero Dios me escuchó,
y atendió a mi voz suplicante.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor.

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