Imagen tomada en Firenze Italia por Horacio Abril

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados.
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No juzgues a nadie, nunca, ni por ningún motivo. Solo hay una  justicia que no se equivoca, la de Dios, la conciencia. Solo Dios conoce lo real y verdadero; el corazón y las entrañas. Solo Dios tiene la vara de medir. Solo El, es plenamente justo. Al final cada uno cosecha los frutos de su siembra.
Puedes repetir este decreto: «Dios es un juez justo«.
Buen día, paz y bien.
Escúchalo:

Salmo 7 A

Señor, Dios mío, en ti me refugio:
sálvame de mis perseguidores y líbrame,
para que no me desgarren como un león
sin que nadie me salve ni libere.

Señor, Dios mío, si he actuado mal,
si hay crímenes en mis manos,
si he sido desleal con mi amigo
y he perdonado al opresor injusto,
que el enemigo me persiga y me alcance,
que me pisotee vivo contra el suelo,
y aplaste mi vientre contra el polvo.

Levántate, Señor, indignado,
álzate contra la furia de mis adversarios,
despierta, Dios mío, y convoca un juicio.

Que te rodee una asamblea de naciones,
presídela desde la altura.

Juzga, Señor, a los pueblos,
júzgame según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.

Castiga la maldad de los culpables;
y apoya al inocente,
tú que examinas el corazón y las entrañas,
tú, Dios justo.

***

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