Desde California, imagen de Augusto Galarza

Hermoso salmo donde están presentes la amargura y la esperanza en la vejez. El anciano hace un repaso de su vida, desde su nacimiento, ya entonces, confiaba en el Señor…
La vida es, seguro que no lo has escuchado nunca, corta, breve, fugaz; es como fuego de artificio…
Cada edad tiene lo suyo propio. Agradece y, sea cual sea, ten en cuenta lo siguiente, que te propongo como jaculatoria- mantra- decreto, Dios mío, no te quedes a distancia.
Paz y Alegría. Hasta mañana

Salmo 70 A

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame.

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.

Dios mío, líbrame de la mano perversa,
del puño criminal y violento;
porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías,
siempre he confiado en ti.

Muchos me miraban como a un milagro,
porque tú eras mi fuerte refugio.
Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria, todo el día.

No me rechaces ahora en la vejez,
me van faltando las fuerzas, no me abandones;
porque mis enemigos hablan de mí,
los que acechan mi vida celebran consejo;

dicen: «Dios lo ha abandonado;
perseguidlo, agarradlo, que nadie lo defiende.»

Dios mío, no te quedes a distancia;
Dios mío, ven aprisa a socorrerme.

Que fracasen y se pierdan
los que atentan contra mi vida,
queden cubiertos de oprobio y vergüenza
los que buscan mi daño.

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