El sol sobre el río Paraná, imagen de Ayrin Nava

«Cada uno recibirá su salario de acuerdo con el trabajo que haya realizado«, de Pablo de Tarso a los Corintios
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El momento que presenta el salmo es trágico. El pueblo come llanto y bebe lágrimas, mientras los vecinos y los enemigos se burlan de ellos. Y, lo que es peor, Dios lo permite.
El salmista pide, desde ese pozo de desesperación, que el Dios Todopoderoso Creador y Señor y -una expresión simbólica y bella- que se sienta «sobre querubines» «ilumine su rostro», y con su mirada los salve.
Decreto: No nos alejaremos de ti. Otro: Restáuranos que brille tu rostro y nos salve
Paz y Alegría, hasta mañana.
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Salmo 79

Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines,
resplandece ante Efraím, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.

¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado mientras tu pueblo te suplica?

Le diste a comer llanto, a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles,
y la transplantaste;
le preparaste el terreno
y echó raíces hasta llenar el país;

Su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.

No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor Dios de los ejércitos,
restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
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