salmo gumer meirinoAunque el ser humano es, como comentamos hace unos días,  en esencia un ser en peregrinación, en camino; por otra parte siente la necesidad de encontrar un lugar de descanso, un oasis de paz para tomarse su tiempo.
A este lugar le podemos llamar, el templo.
Ese templo material es tu corazón, tu interior. Es como regresar a casa, al hogar, donde vive Dios, donde te encuentras con El, donde conversan, donde descansas, donde retomas las fuerzas… De ahí que el salmo dé tanta importancia a vivir en la casa de Dios, en el Templo.
Feliz día, bendiciones.

SALMO 84-83

¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación:

cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan de baluarte en baluarte
hasta ver a Dios en Sión.

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu Ungido.

Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.

Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la gloria;
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta intachable.

13¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en ti!

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