salmo 19 de marzoLa fidelidad. Cuando confías algo importante a otra persona esperas que sea fiel.
La misión de José fue cuidar a su esposa María y a su hijo Jesús. Según nos consta la cumplió fiel, discreta y sencillamente. Y, luego desapareció, de forma que no conocemos.
La misión de padre es maravillosa. José es un buen espejo.
Hoy, toca agradecer a los que pusieron la parte humana para que nosotros estemos aquí en este mundo.
Hoy toca agradecer y orar por tu padre.
Hoy, también si te queda alguna brizna roja y negra de rencor con él, te toca restañarla y perdonarle desde el corazón. Nadie tiene derecho a juzgar a otra persona y menos a un padre al que le debe el mayor regalo que se puede recibir, la vida.
Y recuerda también que en tu corazón hay una semilla de paternidad. Esto quiere decir que nos tenemos que cuidar unos a otros en este camino por la tierra, porque todos somos hermanos, hijos del mismo Padre, Dios, ¿o no es eso lo que decimos en el Padrenuestro?
Si quieres reza, pensando en él, es un canto a la fidelidad, es un poco largo, pero tu papá lo merece.
¡Feliz día, papá! Paz y bien, hasta mañana.

Salmo 89-88

Oh Señor, por siempre cantaré
la grandeza de tu amor;
por todas las generaciones
proclamará mi boca tu fidelidad.

 Declararé que tu amor permanece firme para siempre,
que has afirmado en el cielo tu fidelidad.
Dijiste: «He hecho un pacto con mi escogido;
le he jurado a David mi siervo:

“Estableceré tu dinastía para siempre,
y afirmaré tu trono por todas las generaciones”».
Los cielos, Señor, celebran tus maravillas,
y tu fidelidad la asamblea de los santos.

¿Quién en los cielos es comparable al Señor?
¿Quién como él entre los seres celestiales?

Dios es muy temido en la asamblea de los santos;
grande y portentoso sobre cuantos lo rodean.
¿Quién como tú, Señor, Dios Todopoderoso,
rodeado de poder y de fidelidad?

Tú gobiernas sobre el mar embravecido;
tú apaciguas sus encrespadas olas.
Aplastaste a Rahab como a un cadáver;
con tu brazo poderoso dispersaste a tus enemigos.

Tuyo es el cielo, y tuya la tierra;
tú fundaste el mundo y todo lo que contiene.
Por ti fueron creados el norte y el sur;
el Tabor y el Hermón cantan alegres a tu nombre.

Tu brazo es capaz de grandes proezas;
fuerte es tu mano, exaltada tu diestra.
La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono,
y tus heraldos, el amor y la verdad.

 

Dichosos los que saben aclamarte, Señor,
y caminan a la luz de tu presencia; 

los que todo el día se alegran en tu nombre
y se regocijan en tu justicia.

Porque tú eres su gloria y su poder,
por tu buena voluntad aumentas nuestra fuerza.
[a]

Tú, Señor, eres nuestro escudo;
tú, Santo de Israel, eres nuestro rey.

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