salmo 88 gumersindo meirino fernandez«Encontré a David, a mi siervo«, dice el salmo, con el que Dios hizo un pacto. Detrás de cada historia, -el salmista repasa la del pueblo de Israel-, está la presencia de Dios. Detrás de cada historia hay un pacto personal con él. También tú lo has hecho. Dios, como al rey David, te encontró. No olvides esto nunca.
Y recuerda después que los cuatro pilares sobre los que se sostiene la historia y los pactos con Dios, según este salmo, son estos: Justicia y Derecho; Bondad y Fidelidad.  Te propongo esta jaculatoria-mantra, tomada del salmo: El amor y la fidelidad de Dios me acompañan.
Bendiciones hasta mañana.

Salmo 89-88 I

Cantaré eternamente el amor del Señor,
anunciaré su fidelidad por generaciones.

Con mi boca afirmo claramente:
Oh Eterno, tu amor edificó los cielos,
más estable que ellos es tu fidelidad.
–Pacté una alianza con mi elegido,
jurando a David mi siervo:

Afianzaré tu linaje para siempre
y consolidaré tu trono por generaciones.
Celébrense tus maravillas en los cielos, Señor,
y tu fidelidad en la asamblea de los Santos;

pues, ¿quién sobre las nubes
es comparable al Señor?
¿quién se asemeja al Señor entre los dioses?
Dios es temible en el consejo de los santos,
es grande y terrible para toda su corte.

Señor Dios del universo, ¿quién como tú?
Eres poderoso, Señor, y tus fieles te rodean.
Tú doblegas la soberbia del mar
y acallas su oleaje embravecido.

Tú trituraste a Rahab como a un cadáver
con brazo potente dispersaste al enemigo.
Tuyos son los cielos, tuya es la tierra;
tú cimentaste el mundo y cuanto contiene.

Tú creaste el Norte y el Sur,
el Tabor y el Hermón
saltan de gozo en tu presencia.

Tienes un brazo poderoso;
triunfante es tu izquierda,
sublime tu derecha.
Justicia y Derecho sostienen tu trono,
Bondad y Fidelidad marchan ante ti.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte,
que camina a la luz de tu rostro, Señor.
Tu Nombre será su gozo constante,
y por tu justicia se alegrará.

Sí, tú eres nuestra fortaleza gloriosa
y con tu favor nos das la victoria.
En verdad el Señor es nuestro Escudo,
el Santo de Israel nuestro rey.

Un día hablaste en visión
declarando a tus amigos:
He elegido a un muchacho y no a un guerrero,
he encumbrado a un soldado de la tropa.

Encontré a David, mi siervo,
y lo ungí con óleo sagrado.
Porque mi mano le dará firmeza,
y mi brazo lo fortalecerá;

no lo engañará el enemigo
ni los criminales lo humillarán.
Trituraré ante él a sus adversarios,
y heriré a los que lo odian.

Mi fidelidad y amor lo acompañarán,
y por mi Nombre triunfará.
Extenderé su izquierda hasta el Mar
y su derecha hasta el Río.

Él me invocará: Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.
Y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.

Le guardaré mi amor eterno
y mi alianza con él será estable.
Le daré un linaje perpetuo
y un trono duradero como el cielo.

Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si violan mis preceptos
y no guardan mis mandatos,
castigaré a palos sus delitos
y a latigazos sus culpas.

Pero no les retiraré mi lealtad
ni desmentiré mi fidelidad;
no violaré mi alianza,
ni cambiaré mis promesas.

Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con David.
Su linaje será perpetuo
y su trono como el sol ante mí;
se mantendrá siempre como la luna,
testigo fidedigno en las nubes.

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