Atardecer en el río Paraná, con Encarnación de Paraguay al fondo, imagen de Rocío Abril

«Dios reina»  así comienza el salmo. Ante eso toda la tierra y hasta las islas están invitadas a elevar un canto de alabanza.
Los cielos son testigos: Toda el planeta se alegra, menos los malvados e idólatras que no lo reconocen.
La alegría es un don que solo puede poseer un corazón noble, recto, sincero y justo.
Manta- Decreto- Jaculatoria: Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón.

Salmo 96

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

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