Salmo 26 A, ¿a quién temeré? El salmista no dice que no hay enemigos, dice que no tienen poder. La clave es la «luz»: el miedo crece en la oscuridad de la incertidumbre, pero cuando Dios ilumina la situación, los monstruos resultan ser sombras. El refugio no es un búnker, es «la casa del Señor» (su presencia).
