Salmo 49 B, el romero, ocho de mayo

Señor, reconozco que todo lo que tengo es Tuyo. No quiero ofrecerte ritos vacíos, sino una vida que te reconozca en todo momento. En el día del peligro, te invocaré con confianza, y en la alegría, te daré gracias. Que mi sacrificio de hoy sea simplemente amarte y servirte en los demás. Amén.

Leyenda Sioux: ¡Juntos pero no Atados!

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux, que una vez llegaron hasta la tienda […]

Salmo 118 N, lámpara y luz, dieciocho de julio

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de gentiles, […]