Salmo 45, el lirio blanco, dos de mayo

Los apóstoles le pidieron a Jesús: «Auméntanos la fe.» Jesús les contestó: «Si tuvierais fe […]

Salmo 44 A, aceite de júbilo y belleza, treinta de abril

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del […]

Salmo 40, Señor sáname, veinticuatro de abril

Salmo 40, Señor sáname. Señor, dame un corazón sensible para ver la necesidad de los que me rodean. Enséñame a ser Tu mano para el que sufre, para que cuando yo me sienta débil, pueda experimentar cómo Tú cuidas de mí y transformas mi cansancio en fortaleza. Gracias por Tu lealtad. Amén.

Salmo 39 A, me abriste el oído, veintidós de abril

Pero, apenas José había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del […]

Salmo 114, Caminaré, Miércoles Santo

En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás: «Yo soy el camino, y la verdad, y […]

Salmo 30 C, fuertes y valientes, veintiuno de marzo

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo: « Yo les he […]

Preparar la Casa para PASCUA 

Sábado 28 de Marzo de 2026 Iniciamos el Camino preparando nuestro Hogar Dale un toque […]

Encuentro de Pascua: El Despertar a la Vida

Encuentro PASCUA 2026 El Despertar a la Vida  Si en Navidad naciste para ser libre, en […]

Salmo 18 A, nada se libra de su calor, tres de marzo

Salmo 18 A, recorriendo el Camino. En la era de las pantallas y el ruido constante, hemos perdido la capacidad de escuchar el «susurro» de la noche o el «mensaje» del día. Este salmo nos invita a la contemplación. Espiritualmente, nos recuerda que no hay excusa para no conocer a Dios, pues Su firma está en cada amanecer. Prácticamente, nos llama a cuidar la creación: si el cielo proclama Su gloria, destruir la naturaleza es como arrancar páginas de un libro sagrado.

Salmo 10, sus ojos observan, diecisiete de febrero

Cuando veas injusticias en tu trabajo, en tu familia o en el mundo, no reprimas tu sentimiento. Haz como el salmista: dile a Dios que te parece que está lejos. La fe no es negar la realidad, sino presentar esa realidad ante el Único que puede cambiarla. Al final, el Salmo 10 nos recuerda que Dios es el «Padre de los huérfanos» y que Él escucha el deseo de los humildes.