Salmo 74, todo sale a la luz, quince de junio

Señor Dios, te doy gracias de todo corazón en este día invocando Tu santo nombre. Cuando sienta que el suelo tiembla bajo mis pies o que la soberbia del entorno intenta intimidarme, recuérdame que Tú sostienes con fuerza las columnas de mi vida. Líbrame de caer en la jactancia y enséñame a esperar con paciencia Tus tiempos, que siempre son perfectos. Que mi vida sea un canto continuo que proclame Tu grandeza y confíe en Tu justa guía. Amén.

Salmo 73 A, abandonados, trece de junio

Señor Dios, a veces miro a mi alrededor y siento que las dificultades destrozan mi paz y que Tu silencio se prolonga demasiado. No me escondas Tu mano en este día de prueba. Acuérdate de que soy tuyo, de que me has rescatado y sostenido en tantas ocasiones. Aunque hoy no vea señales claras ni sepa el desenlace de mis problemas, elijo creer que Tú sigues siendo mi Rey y el autor de mi victoria. Ven en mi ayuda y reconstruye lo que se ha roto en mi corazón. Amén.

Salmo 72 B, entrar en el Misterio y comprender, once de junio

Señor Dios, confieso que a veces me canso y me pregunto si vale la pena mantenerme firme en el bien. Cuando los pensamientos me resulten difíciles y me falte la comprensión, llévame a la intimidad de Tu presencia. Dame la gracia de entender que la prosperidad alejada de Ti es solo un suelo resbaladizo y un sueño que se desvanece. Sostén mis manos en la inocencia y hazme valorar el tesoro eterno de una conciencia en paz Contigo. Amén.

Salmo 72 A, limpios de corazón, diez de junio

Señor Dios, Tú eres bueno con los que buscan la rectitud, pero confieso que a veces mis pies flaquean al mirar a mi alrededor. Líbrame de la envidia y de la trampa de codiciar el éxito de quienes actúan con violencia u orgullo. No permitas que me confunda el espejismo de los que creen que Tú no te enteras de nada. Dame la gracia de valorar la paz de una conciencia limpia y la seguridad de saber que mi vida está resguardada en Tus manos. Amén.

Salmo 71 B, después de la siembra llega la cosecha, nueve de junio

Señor Dios, te bendigo en este día porque Tú eres el único que hace maravillas en mi historia. Gracias porque sé que mi vida y mis preocupaciones son valiosas a Tus ojos, y porque nunca dejas desamparado al que no tiene protector. Multiplica hoy el fruto de mi trabajo como el trigo en los campos y derrama Tu bendición sobre mi familia y mis proyectos. Que Tu nombre glorioso sea alabado siempre en todo lo que haga. ¡Amén, amén!

Salmo 71 A, florecen…, la paz y la justicia, ocho de junio

Dios mío, confía Tu juicio a mi corazón para que pueda actuar hoy con rectitud. Ayúdame a ser un defensor de la paz en mis palabras y acciones, socorriendo a quien se siente abrumado y siendo justo en mis decisiones. Que Tu gracia

baje sobre mi vida como llovizna que empapa la tierra, para que a mi alrededor florezca la armonía. Que todos mis esfuerzos busquen siempre el bien común y la gloria de Tu nombre. Amén.

Salmo 70 B, desde mi juventud, siete de junio

Señor Dios, aunque el camino haya sido difícil y me hayas hecho pasar por peligros muchos y graves, yo decido seguir esperando en Ti. Gracias por instruirme desde mi juventud y por no abandonarme nunca. Te pido que hoy acrecientes mi dignidad y me consueles de nuevo, para que mis labios y mi alma, que Tú redimiste, no dejen de cantar Tu lealtad. Que mi vida sea un testimonio vivo de que no hay nadie como Tú. Amén.

Salmo 68 B, respóndeme, tres de junio

Dejando a la gente, se llevaron  a Jesús en  la barca, como estaba; otras barcas […]

Salmo 67 A, la flor del ceibo, veintinueve de mayo

Señor Dios, Padre de los desvalidos y protector de mi vida, levántate hoy en mi corazón y disipa todos mis temores, dudas y ansiedades como el humo que se lleva el viento. Tú que caminas conmigo por los desiertos de la vida, derrama Tu lluvia copiosa sobre mi alma extenuada. Dame la gracia de vivir hoy en Tu presencia con un corazón rebosante de alegría, sabiendo que Tú me preparas un lugar seguro y que Tu bondad nunca me va a faltar. Amén.

Salmo 66, la flor del espinillo, veintiocho de mayo

Señor Dios, ten piedad de mí y bendíceme; haz que Tu rostro brille sobre mi vida para que mis dudas y temores se desvanezcan. Que Tu luz me atraviese de tal manera que quienes me rodean hoy puedan conocer Tus caminos de paz y de justicia a través de mis acciones. Gracias porque sé que bajo Tu cuidado la tierra siempre da su fruto. Que Tu bendición me acompañe y me convierta en un canal de Tu alegría para el mundo. Amén.