Señor Dios, en los momentos en que la angustia apriete y la agitación no me deje hablar, calma mi corazón con Tu paz. Aleja de mí la tentación de creer que Tu misericordia se ha agotado. Elijo hoy recordar Tus antiguas proezas en mi historia personal. Sé que Tus caminos son santos y que, aunque te abras paso por aguas caudalosas sin dejar rastro visible, Tu mano fuerte me sigue guiando cada mañana. En Tus manos invisibles pero seguras me encomiendo hoy. Amén.
