En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, […]
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, […]
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se […]
Señor Dios, gracias porque Tu amor hacia mí no es cambiante ni depende de mi perfección. Reconozco mis fragilidades y te pido que me corrijas con Tu sabiduría cuando me desvíe de Tu ley. Gracias porque, a pesar de mis caídas, jamás retiras de mí Tu favor ni desmientes Tu fidelidad. Mantén mi vida y mis proyectos estables bajo el amparo de Tu alianza, y haz que mi confianza en Ti permanezca tan firme y duradera como el sol en Tu presencia. Amén.
Señor Dios, Salvador nuestro, gracias porque sé que has perdonado mi pasado y has reprimido Tu cólera ante mis caídas. Te pido que hoy devuelvas la vida y la alegría a mi corazón. Que Tu misericordia y Tu fidelidad salgan a mi encuentro en cada tarea de esta jornada. Permite que la justicia y la paz se besen en mis decisiones, y bendice mi vida para que la tierra de mi presente dé el fruto que Tú esperas. Amén.
Señor Dios, a veces miro a mi alrededor y siento que las dificultades destrozan mi paz y que Tu silencio se prolonga demasiado. No me escondas Tu mano en este día de prueba. Acuérdate de que soy tuyo, de que me has rescatado y sostenido en tantas ocasiones. Aunque hoy no vea señales claras ni sepa el desenlace de mis problemas, elijo creer que Tú sigues siendo mi Rey y el autor de mi victoria. Ven en mi ayuda y reconstruye lo que se ha roto en mi corazón. Amén.
Dios mío, confía Tu juicio a mi corazón para que pueda actuar hoy con rectitud. Ayúdame a ser un defensor de la paz en mis palabras y acciones, socorriendo a quien se siente abrumado y siendo justo en mis decisiones. Que Tu gracia
baje sobre mi vida como llovizna que empapa la tierra, para que a mi alrededor florezca la armonía. Que todos mis esfuerzos busquen siempre el bien común y la gloria de Tu nombre. Amén.
Señor Dios, aunque el camino haya sido difícil y me hayas hecho pasar por peligros muchos y graves, yo decido seguir esperando en Ti. Gracias por instruirme desde mi juventud y por no abandonarme nunca. Te pido que hoy acrecientes mi dignidad y me consueles de nuevo, para que mis labios y mi alma, que Tú redimiste, no dejen de cantar Tu lealtad. Que mi vida sea un testimonio vivo de que no hay nadie como Tú. Amén.
Salmo 43 C, los secretos del corazón. Señor, Tú sabes que trato de no romper Tu alianza y que mis pasos buscan Tu camino. No escondas Tu rostro en este momento de opresión. Aunque me sienta pegado al suelo y hundido en el polvo, confío en que Tu misericordia es más grande que mi desgracia. ¡Levántate a socorrerme hoy! Amén.
Salmo 42, Camino de la Luz
Salmo 41: «La Sed que no se Apaga». Señor, mi alma tiene sed de Ti como una cierva busca el agua. A veces me siento arrollado por las olas de la vida y el eco de mis problemas me aturde, pero hoy decido hablarle a mi propia alma: ¡Espera en Dios! No permitas que el desánimo me gane la partida; sé Tú la salud de mi rostro y mi roca firme. Amén.