Señor Dios, confieso que a veces me canso y me pregunto si vale la pena mantenerme firme en el bien. Cuando los pensamientos me resulten difíciles y me falte la comprensión, llévame a la intimidad de Tu presencia. Dame la gracia de entender que la prosperidad alejada de Ti es solo un suelo resbaladizo y un sueño que se desvanece. Sostén mis manos en la inocencia y hazme valorar el tesoro eterno de una conciencia en paz Contigo. Amén.
