Entonces Jesús les dijo: «Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros […]
Entonces Jesús les dijo: «Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros […]
En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a […]
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les […]
Jesús les dijo también una parábola: «Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para […]
Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: Yo les he dado la gloria […]
Cuando veas injusticias en tu trabajo, en tu familia o en el mundo, no reprimas tu sentimiento. Haz como el salmista: dile a Dios que te parece que está lejos. La fe no es negar la realidad, sino presentar esa realidad ante el Único que puede cambiarla. Al final, el Salmo 10 nos recuerda que Dios es el «Padre de los huérfanos» y que Él escucha el deseo de los humildes.
Hay una frase que es el corazón de este texto: «Él no olvida jamás al pobre». En un mundo que a menudo ignora a los pequeños o a los que no tienen voz, el Salmo 9B nos asegura que Dios lleva un registro de cada lágrima y cada injusticia. La «venganza» de la que habla el salmo no es odio, sino el restablecimiento del orden y la verdad.
A veces nos enfocamos tanto en pedir, que nos olvidamos de agradecer. La práctica de hoy es la «contabilidad de la gracia»: haz una lista de las veces que Dios te ha librado de una situación difícil. El Salmo 9 nos invita a ser narradores de las victorias de Dios en nuestra propia vida para dar esperanza a otros.
¿Te preocupa que alguien se esté saliendo con la suya haciendo el mal? Este salmo 7 te invita a soltar el deseo de venganza. No necesitas «cavar una fosa» para el otro; el mal ya es una trampa por sí mismo. Tu trabajo es mantenerte «recto de corazón» para que Dios sea tu escudo. La gratitud final del salmista («daré gracias por su justicia») es la clave para mantener la paz mientras Dios actúa
En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, les dijo: (…) « Y, extendiendo […]