Este salmo es una pieza maestra de la teología del Éxodo. Describe cómo la naturaleza entera (el Mar Rojo, el río Jordán, los montes) se estremece y «huye» ante el paso del Señor. Teológicamente, prefigura la Nueva Alianza: si el Mar Rojo se abrió para que Israel pasara de la esclavitud a la libertad, en la Semana Santa es la muerte misma la que «retrocede» ante el paso de Jesús. Cristo es el verdadero Cordero que convierte la «roca» de nuestra dureza en «manantiales de agua viva».
