Salmo 105 C, activar la Misericordia, cuatro de agosto

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, […]

Salmo 105 B, se olvidaron pero él se puso en la brecha, tres de agosto

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede servir a dos señores. Porque […]

Salmo 102 A, como el águila, veinticuatro de julio

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol bueno que dé fruto […]

Salmo 101 C, Tú permaneces, veintitrés de julio

Pero Jesús le increpó diciendo: «¡Cállate y sal de él!» Entonces el demonio, tirando al […]

Salmo 101 A, el desahogo, veintiuno de julio

En aquel tiempo, exclamó Jesús: « Venid a mí todos los que estáis cansados y […]

Salmo 93 A, pensamientos insustanciales, doce de julio

Jesús les preguntó, entonces, a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón […]

Salmo 88 C, linaje y fidelidad perpetuos, cinco de julio

Señor Dios, gracias porque Tu amor hacia mí no es cambiante ni depende de mi perfección. Reconozco mis fragilidades y te pido que me corrijas con Tu sabiduría cuando me desvíe de Tu ley. Gracias porque, a pesar de mis caídas, jamás retiras de mí Tu favor ni desmientes Tu fidelidad. Mantén mi vida y mis proyectos estables bajo el amparo de Tu alianza, y haz que mi confianza en Ti permanezca tan firme y duradera como el sol en Tu presencia. Amén.

Salmo 88 B, ungidos, cuatro de julio

Señor Dios, mi Padre y mi Roca salvadora, gracias porque Tu mano está siempre conmigo y Tu brazo me hace valeroso frente a los desafíos diarios. Sé Tú mi escudo para que el desánimo no me engañe y las presiones del mundo no me humillen. Que Tu fidelidad y Tu misericordia me acompañen en cada decisión que tome hoy. Establece mi corazón en Tu paz y recuérdame en todo momento mi identidad de hijo amado y protegido. Amén.

Salmo 88 A, Cantar la Misericordia, tres de julio

Jesús dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y […]

Salmo 77 B, aprender o no aprender, veinte de junio

Señor Dios, perdona mis dudas y esos momentos en los que pregunto con desconfianza si serás capaz de sostener mi futuro. Líbrame de la avidez que me hace consumir las bendiciones con prisa y sin gratitud. Gracias por el «pan de ángeles» que pones cada día en mi mesa: la salud, el trabajo, la familia y la fe. Enséñame a descansar en Tu providencia, sabiendo que las altas nubes están a Tu servicio para cuidar de mi vida. Amén.