Hay una frase que es el corazón de este texto: «Él no olvida jamás al pobre». En un mundo que a menudo ignora a los pequeños o a los que no tienen voz, el Salmo 9B nos asegura que Dios lleva un registro de cada lágrima y cada injusticia. La «venganza» de la que habla el salmo no es odio, sino el restablecimiento del orden y la verdad.
