Salmo 36 A, confía, quince de abril

En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a […]

Salmo 34 A, el Juez competente, veintisiete de marzo

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la […]

Salmo 32 B, la fuerza de la Mirada, veinticuatro de marzo

Jesús le puso otra vez las manos en los ojos al ciego; el hombre miró: […]

Salmo 30 C, fuertes y valientes, veintiuno de marzo

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo: « Yo les he […]

Salmo 30 B, confío siempre, veinte de marzo

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo: «Padre justo, si el […]

Salmo 25, a prueba de fuego, trece de marzo

Jesús les dijo: «Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que […]

Salmo 19, el deseo de Tu Corazón, cinco de marzo

Lo más poderoso de este salmo es la distinción entre las fuentes de confianza. El mundo dice: «Unos confían en sus carros, otros en su caballería» (hoy serían el dinero, los contactos o el currículum). Pero el creyente dice: «Nosotros invocamos el nombre del Señor». No es que los recursos humanos sean malos, es que son insuficientes. La verdadera victoria es la que Dios concede al «ungido», es decir, a aquel que pone su misión en manos de la voluntad divina.

Salmo 18 A, nada se libra de su calor, tres de marzo

Salmo 18 A, recorriendo el Camino. En la era de las pantallas y el ruido constante, hemos perdido la capacidad de escuchar el «susurro» de la noche o el «mensaje» del día. Este salmo nos invita a la contemplación. Espiritualmente, nos recuerda que no hay excusa para no conocer a Dios, pues Su firma está en cada amanecer. Prácticamente, nos llama a cuidar la creación: si el cielo proclama Su gloria, destruir la naturaleza es como arrancar páginas de un libro sagrado.

Salmo 16 A, prueba de fuego, veinticuatro de febrero

Salmo 16 A, Vivimos en la era de la imagen pública, donde nos importa más «parecer» que «ser». Este salmo nos invita a la coherencia radical.
Prácticamente, nos pide que nuestras palabras en público coincidan con nuestros pensamientos en privado. Es un llamado a caminar con paso firme por la senda de los valores, incluso cuando el camino se pone difícil o nos sentimos juzgados injustamente.

Salmo 10, sus ojos observan, diecisiete de febrero

Cuando veas injusticias en tu trabajo, en tu familia o en el mundo, no reprimas tu sentimiento. Haz como el salmista: dile a Dios que te parece que está lejos. La fe no es negar la realidad, sino presentar esa realidad ante el Único que puede cambiarla. Al final, el Salmo 10 nos recuerda que Dios es el «Padre de los huérfanos» y que Él escucha el deseo de los humildes.