A menudo buscamos la felicidad en «copas ajenas» o ídolos modernos (el éxito, la opinión de los demás, el consumo). El salmo 15 nos invita a un ejercicio de prioridades. Si Dios es el centro, el resto de las piezas del rompecabezas de nuestra vida (familia, trabajo, salud) encuentran su lugar.
