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La sinfonía de los Salmos
A propósito del Salmo 108 A

Mis queridos amigos y lectores reciben, de alguna forma, un salmo para “dirigirse” a Dios, –¡qué audacia!– cada día. Uno de ellos, Jon Knorr, responde, al salmo que leemos hoy, –que es el 108 A–, diciendo: – ¡Menudo Salmo! ¡Acongoja un poco!

Y justo ayer, –el día anterior a leer este salmo, ¡vaya causalidad!– en la audiencia el Papa habló de los salmos y dijo cosas que pueden ayudar a entender este “salmo aongojante”, y otros muchos, que son “re-complicados” porque han sido escritos hace más de dos mil años. 

¿Por qué seguir usándolos para “dirigirnos” a Dios?

Francisco habla de “una sinfonía de oración cuyo compositor es el Espíritu Santo, y es el Libro de los Salmos”.

Y antes de seguir les recuerdo: Con los Salmos oran los cristianos, los judíos anteriores a Cristo, –entre ellos el mismo Jesús y su madre María– y también los musulmanes.

Ahora seguimos, ¿una sinfonía?

Sí una sinfonía en la que –continúa Francisco–, “como en toda sinfonía, en ella hay varios “movimientos”, es decir, varios tipos de oración: alabanza, acción de gracias, súplica, lamento, narración, reflexión sapiencial y otros, tanto en forma personal como en forma coral de todo el pueblo”.

Este del que Jon, salió “acongojado”, ciertamente refleja unas emociones fuertísimas y no sé si “buenísimas” pero sí reales; porque pueden salir –de hecho creo que salen en todos los seres humanos en alguna ocasión– del corazón “enojado y enajenado”. Por ello, es para saber que en este caso la “sinfonía de los Salmos” parece que tienen un movimiento para un bajo, «muy bajo».

Desear el mal

Es por ello que Daniela, otra lectora comenta:

–Nunca me gustó el salmo de hoy, pedirle a Dios que a los que nos calumnia y enemigos que nos lastiman (que me pasa) no podría desearles el mal o pedirle a Dios que su heredad sea juzgada como ellos.jamás entendí eso de los salmos ,porque no pedir que abran su corazón?
Sé que los salmos son de otra época y cultura, sólo que este en particular no me representa.
No deseo el mal a mi enemigo ni por mano de Dios».

«Autores de los Salmos»

Pero, –sigue diciendo Francisco–, no podemos únicamente vivir del legado del pasado: es necesario que hagamos de los salmos nuestra oración.  Se ha escrito que, en cierto sentido, debemos convertirnos nosotros mismos en ‘autores’ de los salmos, haciéndolos nuestros y rezando con ellos. Si hay algunos salmos, o simplemente versículos, que hablan a nuestro corazón, es bueno repetirlos y rezarlos durante el día. Los salmos son oraciones «para todas las estaciones»: no hay estado de ánimo o necesidad que no encuentre en ellos las mejores palabras para convertirlos en oración. A diferencia de todas las demás oraciones, los salmos no pierden su eficacia a fuerza de repetirlos; al contrario, la aumentan. ¿Por qué? Porque están inspirados por Dios y «espiran» Dios, cada vez que se leen con fe”.

Además de que, recuerda el mismo Francisco, “los salmos nos permiten no empobrecer nuestra oración reduciéndola sólo a peticiones, a un continuo “dame, danos…”.

Y, ¿no es cierto, que hay personas que intentan manipular a los demás y que, a veces usan, todos esos “perversos manejos” de los que habla el salmista?
Y releyendo los deseos que surgen en la contestación del salmista, ¿no estamos recordando que nos puede pasar eso mismo?; y, a pesar de que puedan tener malos pensamientos, deseos y acciones contra nosotros, ¿no sientes, –como en este salmo u otros semejantes– que Dios-Yhavé está a tu lado y puedes tenerlo presente como “lorica” o protector? 

Por eso, a parte de ello, aún en este salmo “acongojante” –según las palabras de Jon– hay perlas maravillosas que invitan a orar y que son las últimas palabras de esta parte del salmo, que tiene continuación.

Líbrame por tu bondadoso amor

«Trátame conforme a tu Nombre»

En cualquier caso, me he dado cuenta de algo, que si se lee solo la primera parte del salmo es bastante «acongojante», y que se entiende mejor, si se echa un vistazo a la segunda. Es por eso que es la última vez que publico este salmo dividido en dos, aunque no puedo asegurar que así deje de ser «acongojante».

¡Querido Jon, querida Daniela, –gracias por tu comentario– ¡no dejes de seguir armonizándote!, –a pesar de este salmo– con la maravillosa «sinfonía de oración cuyo compositor es el Espíritu Santo, y es el Libro de los Salmos”.

Paz y Alegría.

Gumersindo Meiriño Fernández

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