Rosa China amarilla, en el patio de mi casa, imagen de Cristina Borello Meiriño

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.
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Salmo real que nos trae a la memoria la escena en la que un hombre de poder mira a un preso que está a su lado atado, golpeado, humillado, despreciado… y le pregunta: «Entonces, ¿tú eres rey?» . El hombre con rostro ensangrentado, llamado Jesús, le responde: «Tú lo has dicho, yo soy rey, para eso he nacido, para ser rey«.

Observa, mira, analiza desde el Alma y verás que hay detrás de las cosas de la realidad aparente, porque, dice el salmo, «tú eres mi hijo«.

Otro aspecto, Dios «se ríe» de la soberbia humana, como un padre lo hace ante las tonterías de su hijo pequeño que no puede ver y se opone al Amor y a la Verdad.

Decreto: Pídemelo, te daré en herencia las naciones.

o también: ¡Dichosos los que se refugian en Dios!

También lo puedes escuchar para orar con él:

?️  Oración   Oh Dios, Rey del universo, te entrego mis miedos y las tempestades de mi entorno. Reina en mi corazón y ayúdame a servir con alegría, sabiendo que tú ya has vencido al mundo. Amén. Amén Amén ?️

Reto del día: Haz un acto de confianza hoy: entrega específicamente una situación que te preocupe y di «Jesús, yo confío en ti».

Y, ¿cómo no? la frase desde Aitue, VGB, Cb, Argentina, que envía con mucho cariño, Mónica,

Salmo 2

¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un fracaso?

Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo».

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo».

Voy a proclamar el decreto del Señor;
El me ha dicho:
«Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.

Pídemelo:
te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza».

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando;
no sea que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su ira.

¡Dichosos los que se refugian en él!.

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