Entramos en la ciudad dimos una vuelta y vimos una iglesia a lo lejos. Dejamos Asís momentáneamente y allá nos llevó el auto. La iglesia es grande. Entramos. Dentro una capilla pequeñita. Raro muy raro: absoluto silencio, no fotos, no charlas, no ambiente de turistas con prisas ni ganas de sacar foto a todo lo que se mueva y silbe.

En la «capillita» nos instalamos. Oramos. Pasa mucha gente. Algunos observan. No hay nada para mirar en la «capillita». Se intuye que preguntan, ¿qué será esto?. Me conmuevo pensando en aquel joven que nació hace más de ochocientos años. Escuchó una voz: “Repara mi iglesia”. Y durante más de tres años reparó aquella «capillita».

🤫 Un silencio que «habla».

Es idónea para orar. Silencio, paz. Nos avisan de que van a cerrar. Nos acercamos a la tumba de Francisco. Oramos ante los restos del profeta de la paz, el amante de la Naturaleza, «hermano sol, hermana luna«. A escasos metros se oyen los cánticos de los monjes. Levanto la vista. Cantan. Alguno alza la mirada molesto hacia los poquitos visitantes de la iglesia porque hacen algún pequeño ruido. Se respira paz, silencio.

🚶 Peregrinos en  Asís

De vuelta en Asís, caminamos, caminamos. Es mediodía. Otoño. El sol aprieta. Nos cruzamos con muchos hábitos marrones. Dos pasan corriendo. Ante el calor se ponen las capuchas de sus hábitos franciscanos. Caminamos más arriba, hasta encontrarnos con la capilla de Clara de Asís. Así dice el Evangelio: Y “les envió de dos en dos”. Aquí en Asís se respira ese ambiente de “dos en dos”: Francisco y Clara, Clara y Francisco.

💞 Al lado de Francisco y Clara

En la iglesia de Clara, más silencio, más paz. Se ora lindo. Tampoco fotos. Más curiosos que en la iglesia de San Francisco. Nos colocamos delante del Cristo de San Damián. Este es el Cristo que le «habló» a Francisco diciendo: “Reconstruye mi iglesia”. Delante de Cristo hay un reclinatorio de madera para orar. Los turistas tampoco resisten mucho tiempo delante del Cristo. Los curiosos miran y siguen su camino. En el reclinatorio está una oración en distintos idiomas.

Es el texto de una oración que Francisco oraba. Sencilla, profunda, maravillosa. De rodillas leo despacio con las palabras de Francisco, ante el mismo crucifijo que él lo hizo. Lo hago en italiano porque pienso que él lo haría en ese idioma:

Cristo de San Damián- Asís

O alto e glorioso Dios,
Ilumine la tenebre del cuore mio
Danmi una fede retta, Speranza certa, Caritá perfecta
e umiltá profunda
Danmi Signore, senno e discernimento
Per compiere a tua volontá. Amén.

De «Dos en Dos»

María está de rodillas a mi lado, recogida, orando…., emocionada. Está en su salsa, entre místicos. Entre dos: Clara y Francisco. Porque las cosas son como son y según el Evangelio, el envío es de “dos en dos.

Gumersindo Meiriño Fernández
Desde Asís, cuatro de octubre de 2009

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *