En el mar de la Vida, protegido, imagen de Esteban Verellén

Mensaje a una madre

Paso el mensaje de una madre que leyó esta sección, Los ángeles hablan, y me envió este breve y hermoso relato.


Un Saludo
Ya conoce mi situación. Tengo varios hijos, y el más pequeño es especial.
Cuando pensaba en los niños autistas, siempre me venían olas de ansiedad y preocupación.
¿Quién cuidará de ellos? Seres tan especiales, delicados e indefensos.

A esto se añade que dejé a mi hija mayor sola, en otra ciudad, porque va a empezar sus estudios. Me sentía un poco desorientada ante esta situación.
¿Quién cuidará de mi joven hija ahora, tan lejos, fuera de su casa por primera vez?


Un encuentro inesperado

Estos días acompañé a mi hija a su nueva vivienda, que hemos alquilado.
Cuando llegamos al lugar donde quedaría, tenía muchas preguntas sin respuesta. Pensaba:
“Si le pasa algo, no estaré para cuidarla, protegerla…”
Y tantas cosas más que inundaban mi mente.

Con estos pensamientos, me dispuse a ordenar el apartamento. Estaba súper ansiosa, preocupada, cuando escuché una voz:
—Buen día, ¿puedo pasar?

Salí a ver, y era María, la hija del dueño del apartamento, una señorita de treinta y tantos años.
Nos saludamos y la invité a pasar. Se sentó con nosotros, con nuestra familia. Le conté que mi hija se quedaría a vivir allí. Empezamos a conversar.
Estábamos tan cómodos que pasaron las horas sin darnos cuenta.
Ella iluminó mis preguntas.


Una mensajera

María es autista.
Me dijo, entre otras cosas, que estaba enamorada de Dios, que su trabajo es “ser ama de casa”. Lo contaba con tanta alegría.

“Mi vida es andar en bicicleta —decía sin abandonar una sonrisa y con tanta paz de corazón—, ir al río a mirar el atardecer, hablar con Dios. No me preocupa nada. Me encanta tomar tereré (mate frío) y prepararlo”.

Y así lo hizo. Preparó el tereré y lo compartimos largo rato.
Nos llevó a recorrer distintas calles de la ciudad.
María ama lo sencillo de la vida —insisto—: ordenar su casa, salir en bicicleta, hablar con Dios.

También habló de que le gusta investigar las religiones.
Contó que la bautizó un pastor evangélico en el río, pero que ama a mamá María, la madre de Jesús, porque Ella es nuestra madre espiritual.
Y añadió que no tiene miedo, porque Dios la cuida.


Una lección 

¡Y yo que estaba preocupada porque dejaba a mi hija sola en otra ciudad!

Mi hijo pequeño —que también es especial como ella— la abrazaba a cada rato.

En fin, no sé si fue un mensaje de los ángeles o no. Solo le dejo esta hermosa experiencia.
Ahora ya tengo más luz para algunos de los grandes interrogantes que planeaban en mi mente:
¿Quién cuidará de mi hija mayor, ahora que la dejo sola en otra ciudad?
¿Qué pasará con mis hijos cuando se vayan de casa y no pueda protegerlos y cuidarlos?


Un pensamiento

Aquí dejo el mensaje recibido, para que cada uno saque las conclusiones oportunas.

Cierro las puertas de este pequeño testimonio con un breve pensamiento:
La atención es una gran virtud.
Atención a lo que vives en cada momento.
Recuerda: un pequeño detalle, un pequeño gesto, puede iluminar tu Camino.

Gracias, Adriana, por tu testimonio

Paz y Bien
Paz y Alegría

Gumersindo Meiriño Fernández

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