
Los Magos al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
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La Epifanía es la fiesta de un Rey que no se esconde, sino un Mesías que se manifiesta que se da a conocer que se deja ver. Pero solo pueden ver los que tienen «ojos» para ver.
Después de la búsqueda, siguiendo la estrella, llega el encuentro.
Este salmo describe ese momento:
Los pueblos caminan, los reyes se ponen en marcha, los dones son ofrecidos, la justicia florece, la paz se expande. Pero el centro no son los reyes magos que llegan, sino el Rey que se deja encontrar. Y el signo de que es el verdadero Rey no es el oro, sino que: libera al pobre, salva al débil, escucha al que no tiene voz.
La Epifanía revela que el centro del mundo no es el poder y sus manifestaciones, sino la misericordia y sus manifestaciones discretas, sencillas, humildes.
Por eso hoy no solo celebramos que Dios se manifiesta, sino cómo se manifiesta: como don, como luz, como justicia, como paz, como niño, humilde, sencillo, indefenso.
Escúchalo:
🌿 Jaculatoria:
“Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna.”
🌿 Oración
Oh Dios, Luz manifestada a las naciones,
Rey humilde que recibe dones
y devuelve misericordia,
recibe hoy también nuestra vida,
nuestro camino, nuestra búsqueda, nuestra sed.
Que donde haya oscuridad pongamos tu luz,
donde haya injusticia pongamos tu justicia,
donde haya desesperanza pongamos tu paz.
Declaro en mi Vida y en la de todos los que me rodean Luz, Paz y Alegría.
Amén Amén Amén. 🌟🙏
Salmo 71
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
Que los montes traigan paz, y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre y quebrante al explotador.
Que dure tanto como el sol, como la luna,
de edad en edad; que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.
Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna.
Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
Él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.
Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el pobre y lo bendecirá.
Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.
Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la tierra. ¡Amén, amén!

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