Una Gran Preparación

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Las grandes fiestas requieren un tiempo de preparación. Pienso en esta realidad mientras veo unos hombres subidos a unas escaleras en medio de la calle, que están colocando luces y adornos de la Navidad.

La Navidad es una de las fiestas más entrañables, alegres y, -paradójicamente, para algunas personas-, quizás, de las más tristes. De cualquier forma, en este tiempo el ambiente humano es más cálido, más cercano, más positivo…, aunque nunca falten a la cita los agorero-as y los defensores de lo negativo que nunca desaparecen del todo y aportan el lado gris a estos tiempos de grandes nevadas blancas.

¡Es tan grande y entrañable la conmemoración que merece “una Gran Preparación”!

Sí, “una gran preparación” en la que dedicas tiempo a “adornar” el corazón, la mente; y los distintos aspectos materiales y los espirituales.

Con respecto al corazón y a la mente deja que vengan a ellos las iras, enojos, envidias, rencores, peleas, las peleas, todo…., sí, deja que acudan todas las basuras que llevas cargando los últimos doce meses. Y, a continuación, déjalas que se retiren, por el mismo camino, para nunca más retornar. Limpia tu mente y tu corazón. Si tienes que disculparte, hazlo, si tienes que aceptar alguna disculpa, acéptala, con alegría y paz.
Date un tiempo breve, para mirar por el espejo retrovisor y permite que arriben, también, a tu corazón y a tu mente, todo lo positivo, tus éxitos, tus alegrías, tus abrazos, tus logros…, y entona, por ellos, un cántico de acción de gracias.

En lo físico. Sí, limpia tu casa, adórnala, pon luces, árboles, música alegre. Repasa y arroja todo lo que sobra o impide que la buena energía recorra cada rincón de tu hogar. Incluso, hazle un regalo a tu vivienda, sencillo, pequeño, hermoso y, si puede ser adquirido, de forma gratuita, de la Hermana Naturaleza, mejor, “miel sobre hojuelas”, dice el dicho popular.

A nivel espiritual. Sí, deja que venga una lágrima a tus ojos, recordando a los seres que amas y no están físicamente porque ya se han ido o porque están lejos. Haz una oración. Un recuerdo alegre. Después focalízate en el aquí y ahora, en las personas presentes.

Por último, sí, agradece a Dios, a la Vida, a los que están a tu lado, a todos los seres que has encontrado en tu camino, a la Creación, a la experiencia adquirida…, Sí, Gracias a todo y a todos, porque, recuerda, todos somos uno.

Ah, por cierto. Desde mi punto de vista. No des sorpresas, cuando sepas cierto, avisa a la gente que amas que la vas a ir a visitar con cierta anticipación. Entonces ya se preparan y se alegran antes de que llegues, su gozo es, de está manera, más duradero. Que no te pase como a mis amigos que fueron a visitar a su papá, ¡de sorpresa!, y se encontraron que él se había ido de vacaciones con su nueva pareja a celebrar las fiestas a otro país (¡oh, sorpresa!)

La celebración de una fiesta como la Navidad, -grande, majestuosa, universal y misteriosa, llega a las entrañas más profundas de la humanidad-, merece una preparación adecuada, grandiosa, majestuosa, Universal. Gracias. Feliz Navidad.

Gumersindo Meiriño Fernández

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