Señor Dios, que transformás el mundo a través de los sencillos, haz que mi alma proclame Tu grandeza y que mi espíritu se alegre en Ti, mi Salvador. Dame la santa prisa de María para ponerme en camino y servir a quienes me rodean. Que cuando hable, mis palabras lleven la paz y la alegría de Tu Espíritu, y que aprenda, como mi Madre del Cielo, a guardar Tus maravillas en el corazón para cantar siempre Tu fidelidad. Amén.
