Una sencilla Salvia bicolor en mi camino, sube su fragancia y belleza hasta el cielo, imagen de Marisa Kapucian

✝️ «Velad y orad para no caer en la tentación» (Mateo 26, 41).
Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado».

Salmo 140 — Suba mi Oración como Incienso 🕯️ 🕯️
(Célebre salmo vespertino es una ferviente oración donde el orante pide que su plegaria suba como incienso ante Dios, solicitando sobre todo la gracia del autodominio en las palabras y la sabiduría para rechazar las seducciones del mal).

Es costumbre colocar incienso en los lugares donde se ora, como se hace en las iglesias católicas o en otros templos.

La oración es semejante al incienso que sube lentamente al cielo. Es la unión de la palabra, la intención y algo físico: el humo perfumado del incienso.

El salmista sabe que las maldades empiezan  en el corazón y se expresan en la lengua. Al alzar las manos como ofrenda de la tarde, pedimos la serenidad para no dejar que nuestro corazón se incline ellas, manteniendo los ojos fijos en el Señor .

Jaculatoria 📿 «Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde»

Reto del día 🎯 Hoy, pon especial cuidado en tus palabras: antes de hablar o responder, haz una breve pausa de tres segundos y pide al Señor en silencio que ponga una guardia en tus labios para construir y no destruir. 🎯 ¿Vaya Reto, te atreves?

🙏 ¡Que tengas una jornada serena y bendecida!

Que la paz de Dios envuelva tu hogar y tu oración suba siempre como incienso grato ante su presencia.

Paz y bien, feliz día.

Salmo 140

Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

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