
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
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El salmo de ayer y el de hoy, hablan de la importancia del sueño, solo que el de hoy entona un canto de acción de gracias porque Dios salió en su ayuda, le libró de todos los males. Está contento, pleno, feliz y le nace del corazón un canto de agradecimiento.
En la noche, cuando el silencio es más profundo y penetrante, es un buen momento para la reflexión, para la meditación…
Este salmo es una llamada a la introspección y a la confianza absoluta cuando llega la noche y el ruido del mundo se apaga. Nos invita a un examen de conciencia saludable («Reflexionad en el silencio de vuestro lecho«).
Si hoy sientes que te falta «el trigo y el vino» (seguridad económica o bienestar), recuerda que Dios pone en el corazón más alegría que cualquier bien material.
Jaculatoria: «Reflexionad en el silencio de vuestro lecho«.
O también
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino
Hasta mañana. Bendiciones.
Escúchalo:
? Oración
Oh Dios, al final del día, te entrego mis cansancios y mis dudas. No permitas que la ira o la ansiedad aniden en mi corazón. Que la luz de tu rostro brille sobre mí Amén. Amén. Amén?
? Reto del día: Dedica 5 minutos de silencio absoluto antes de dormir, dejando el teléfono lejos, para «hablar con tu propio corazón» y darle gracias a Dios por tres cosas pequeñas que ocurrieron hoy.

Salmo 4
Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.
Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.
En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo.
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