
Jesús llamando junto a sí a la multitud, les dijo: Oíd y entended: no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.
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¡Cuántos enemigos!
Muchos y poderosos. Miedo – pereza – ira – egoísmo – desesperación – rabia – desolación – tristeza…,
pero cuando uno tiene un buen escudo en torno a sí, que le levanta la cabeza, los mantiene a raya…, entonces duerme tranquilo, en paz.
¡Qué don el de poder dormir y poder levantarse, en paz cada jornada!
¿Te cuesta conciliar el sueño por las preocupaciones?
Este salmo nos enseña que podemos acostarnos y dormir en paz porque el Señor nos sustenta.
La oración no cambia necesariamente el número de enemigos (recuerda pesimismo, tristeza, sensación de fracaso, incertidumbre….) pero sí cambia nuestra posición frente a ellos: de víctimas a protegidos.
Te propongo para hoy este decreto: «En paz me acuesto y me despierto porque el Señor me sostiene«.
El salmo por si quieres escucharlo:
🙏 Oración
Oh Dios, aunque se levanten contra mí mil preocupaciones, no tendré miedo y dormiré tranquilo.
Gracias por ser el escudo que protege mi mente y el que levanta mi cabeza cuando estoy abatido.
En tus manos duermo, descanso y en tu fuerza me levanto. Amén Amén Amén 🙏
🎯 Reto del día: Esta noche, antes de cerrar los ojos, repite el versículo del salmo: «Yo me acuesto y me duermo, y me despierto tranquilo», y entrega al Señor la lista de pendientes para mañana.
Desde Villa General Belgrano, Argentina, enviado por Adriana Mónica, desde Aitue

Salmo 3
Señor, ¡cuántos son mis enemigos,
cuántos los que se levantan contra mí!,
cuántos dicen de mí:
¡Ni siquiera Dios le ayuda!
Pero tú, Señor, eres un escudo en torno a mí,
mi gloria, tú me haces levantar cabeza.
Si a voz en grito clamo al Señor,
Él me escucha desde su monte santo.
Me acuesto, enseguida me duermo,
y me despierto, porque el Señor me sostiene.
No temeré las saetas de un ejército
desplegado alrededor contra mí.
¡Levántate, Señor, sálvame, Dios mío!
Abofetea a todos mis enemigos,
rompe los dientes de los malvados.
¡De ti, Señor, viene la salvación,
y la bendición para tu pueblo!
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