
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
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El dolor y el sufrimiento de la ausencia que padece el pueblo lejos de su tierra son entregados en manos de Dios.
Y, el salmista, desde el exilio pide que respuesta a Yhavé Dios, que haga justicia que envíe su «luz y su verdad«.
Con esa confianza empieza ya a divisar el monte Sión, la morada de Dios, la vuelta a casa…y suena en su corazón una llamada a la esperanza y a la alegría.
Este salmo es como un GPS espiritual. Cuales son las coordenadas:, –insisto– la «Luz» y la «Verdad» son como dos guías que te llevan de la mano fuera de la confusión hasta el lugar donde recuperas la sonrisa.
🗣️ Herramientas
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Jaculatoria: «Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen.»
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Reto del día: «La Dieta de la Verdad». Hoy, cuando sientas que un pensamiento negativo te pone «sombrío» (ej: «nada me sale bien», «todos me fallan»), vas a aplicarle el filtro de la Verdad. Pregúntate: ¿Esto es 100% real o es solo mi tristeza hablando? El reto es sustituir ese pensamiento por una verdad de Dios. Camina hoy buscando motivos para dar gracias, como si tocaras la cítara, –como en el salmo– en tu interior.
Hasta mañana, bendiciones.
Te propongo esta oración:
¡Oh Dios que nos has hecho hijos de la Luz; haz que no nos dejemos envolver por las tinieblas del error y la ignorancia sino que permanezcamos siempre en el esplendor de la Verdad y la Sabiduría.
Amen. Amen. Amen.
Léelo y escúchalo:
Salmo 42
Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa
contra gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?,
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío».
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