Agua, islas Cíes, Luz, pinos, ría de Vigo, descansa; imagen enviada por Jon Knorr

Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

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Este Salmo, –uno de los cantados en la historia–, es pura poesía, nostalgia y una lucha interna entre la depresión y la esperanza.

En el alma, en lo más profundo del ser humano hay una sed, una cierta melancolía, un ardiente deseo por algo más….Cuando ese algo más se pone en las cosas intermedias, en el dinero, en el placer, en el poder, en lo que cada cual quiera pero intermedia…, no llega a la meta, al final…, a la fuente…
Dios es la fuente de agua viva.
Pero como no lo podemos alcanzar en plenitud, esa cierta melancolía sigue a nuestro lado, bendita melancolía que nos mantiene despiertos, alerta.

Ahí navegamos en el famoso diálogo interno: el salmista se enoja consigo mismo («¿Por qué te acongojas, alma mía?»). Es una lección de autoliderazgo espiritual: cuando el sentimiento te hunda, oblígate a recordar quién es Dios.

Tener «sed de Dios» es, en sí mismo, una prueba de que Dios existe. Nadie tiene sed de algo que no es real. Es el salmo perfecto para cuando extrañas «tiempos mejores» y sientes que hoy solo hay silencio.

Recordar, –pasar por la memoria y el corazón–, pensamientos que muevan tu corazón y tu vida hacia lo Positivo, hacia la Luz. Podemos llamarle Memoria Agradecida.


🗣️ Herramientas 

  • Jaculatoria: > «Espera en Dios, que volverás a alabarlo: ¡Salud de mi rostro, Dios mío!»

  • Reto del día: «Memoria Agradecida». El salmista vence la tristeza recordando cuando marchaba a la cabeza del grupo. Tu reto hoy es buscar una foto o un recuerdo de un momento donde fuiste muy feliz con tu fe o con tu propósito. Pégalo en tu espejo o ponlo de fondo de pantalla. Cuando la tristeza te pregunte «¿Dónde está tu Dios?», enséñale ese recuerdo y dile: «Aquí estuvo, y aquí volverá a estar».


Hermoso y poético salmo el de hoy, hasta mañana. Paz y bien.

Salmo 41

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de mi Dios?

Las lágrimas son mi pan
de noche y día,
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos,
mi alma desfallece de tristeza:
como marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilos y alabanzas,
en el bullicio de la fiesta.

¿Porque te acongojas, alma mía,
porque te me turbas?
Espera en Dios que volverás a alabarlo:
«salud de mi rostro, Dios mío».

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo, desde el Jordán y el Hermón
y el monte Menor.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.

Diré a Dios: Roca mía
¿por qué me olvidas?
¿Por que voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por que te acongojas, alma mía,
por que te turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

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Sobre la memoria una pequeña reflexión desde Firenze, o, quizás, abrirse a lo nuevo desde Ciudad Rodrigo.

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