«Agacha Cabeza» o chaptila nutans, desde Formosa, imagen de Mariposa Silenciosa

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.»
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Pedir disculpas o, incluso perdón, es una medicina eficaz y necesaria para el alma.  No te quedes con sufrimientos en tu corazón. Tienes enojo, rencor, ira, envidia…, límpialos, purifícalos.
Este salmo es especial para liberarte de pesos pasados y pesados, que te roban la paz y la alegría. Lo compuso y rezó por primera vez, hace miles de años, un gran rey, una gran persona, un gran pecador, el rey David.
Hoy puede ser el momento justo y adecuado para hacer lo mismo que el rey David, enterrar tus pesos muertos y resucitar liberado a una nueva vida.
Jaculatoria: Lávame: quedaré más blanco que la nieve

Puedes hacer este Ejercicio de Pascua: Purifica tu pasado haciendo clik aquí.
Paz y bien, hasta mañana amigo-a. Bendiciones.

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También te puede ayudar esta adaptación del salmo al año que estamos transitando, EL PODER TRANSFORMADOR DEL SALMO 50, haz clic aquí

El Poder Transformador del Salmo 50

Salmo 50

Misericordia, Dios mío por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame : quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

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Y esto de pedir perdón, ¿qué sentido tiene?, mira lo que dice Fray Paco Castro, o qué es la Disculpa y la Misericordia en el segundo enlace,

Perdón- Disculpa y Sembrar Concordia

 

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